• Abg. Agustín Ardizzone

Columnas de Cuarentena Vol. 1

67 días.


A las 00:00 horas del día 20 de marzo pasado comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, vulgarmente llamado “cuarentena”. Una intento del Estado Argentino de reducir el impacto que pudiese tener la COVID-19 (sí, el artículo correcto es “la”, ya que el término no refiere al virus, sino que a la enfermedad) sobre la ya castigada población argentina.


“Nadie puede moverse de su residencia, todos tienen que quedarse en su casa.”

“Tenemos dos peleas que dar: contra la pandemia y contra la psicosis.”


Todavía resuena el eco de algunas de las frases pronunciadas por el Presidente de la Nación al anunciar el tan anticipado aislamiento que duraría hasta el 31 de marzo siguiente; pero en el medio algo sucedió, y lo que debió durar 11 días se ha prolongado hasta hoy, y se extenderá aún más.


Cuesta mucho dimensionar el efecto que tiene el aislamiento en cada uno de nosotros, se trata de una apreciación subjetiva e individual que se encuentra íntimamente relacionada con el estado en el que a cada uno nos encontró. Pero puedo afirmar, sin miedo de errar, que para muchos la realidad hizo un giro de 360 grados, con especial incidencia en las relaciones sociales y las modalidades de trabajo.


El aislamiento generó un nuevo paradigma en la sociabilización, nos obligó a cambiar la forma de relacionarnos, transformando los tradicionales vínculos físicos y de inmediación en relaciones por medios telemáticos. Aplicaciones como Zoom, Google Meet y Skype, pensadas y diseñadas como medio de comunicación empresarial, han venido al rescate de las relaciones sociales y se han convertido en los principales canales de las mismas. La cercanía que caracterizaba a nuestra cultura relacional se perdió, y en su lugar se abrieron paso relaciones que son indiferentes a la distancia: es lo mismo mantener una amistad con un amigo del vecindario que con uno que vive en otro continente, porque ambos nos quedan igual de lejos.


Esta transformación de la sociabilidad, ¿es positiva o negativa? Ninguna respuesta es correcta. Este modelo es simplemente algo distinto a lo que teníamos, tiene sus pros y sus contras. Es un cambio (forzado si se quiere) y por ende sigue la regla general de todos los cambios, y es que genera sentimientos de rechazo, miedo y frustración, que durarán hasta que esa novedad se transforme en la nueva normalidad.


El modelo laboral también ha mutado radicalmente. Por un lado, la prohibición de circular dividió a los trabajos en tres categorías: a) trabajos esenciales cuya naturaleza no permite cambios en su modalidad de prestación presencial; b) trabajos esenciales o no, cuya naturaleza permite que puedan ser prestados de forma telemática; y c) trabajos no esenciales cuya naturaleza requiere la prestación presencial. La primera categoría se destaca porque desde el inicio del aislamiento, las personas a su cargo nunca interrumpieron su actividad; mientras que en la segunda hubo interrupción hasta tanto se dieron las condiciones para cambiar la modalidad de prestación; y finalmente, la última categoría abarca a aquellas tareas que desde el inicio del aislamiento se encuentran suspendidas.


A lo anterior se le debe adicionar la diferencia existente entre la situación de quien trabaja en relación de dependencia respecto de quien no lo hace. Se le ha garantizado la remuneración al primero en cualquiera de los supuestos. Mientras que los independientes sólo podrán percibir remuneración alguna de tener la suerte ejercer trabajos ubicados dentro de algunas de las primeras dos categorías arriba citadas.


Esto nos plantea algunas interrogantes respecto de aquellos trabajadores o profesionales independientes que ejercen trabajos no esenciales cuya naturaleza no permite el teletrabajo. ¿Cómo puede subsistir tanto tiempo aquella persona a la que se la imposibilita de prestar los servicios que son el sustento de sus ingresos? Es más, ¿cómo se pretende que continúen pagando los salarios de la gente que puedan tener a su cargo, si ni siquiera pueden generar los ingresos que requieren para su propia subsistencia?


Al anunciar la imposición del aislamiento el Presidente de la Nación declaró que se combatiría la enfermedad y simultáneamente la “psicosis”, quiero destacar esta última palabra. Se muy bien que el Presidente aludía a la paranoia generada por la desinformación o fake news que pudiese generarse en internet y las redes sociales, pero ahí no está la verdadera psicosis que produce el aislamiento.


La verdadera psicosis está en la desesperación de aquellas personas que perdieron el control de sus vidas, quienes se ven obligadas al encierro, atadas a los gastos fijos cotidianos (servicios, alimentación, sueldos del personal a cargo, alquileres, etc.), y simultáneamente desprovistas de las herramientas que les permitiría subsistir y enfrentar la emergencia sanitaria; quienes más que nadie necesitan de la ayuda y contención de su grupo íntimo pero deben contentarse con una videollamada. Estas personas, se sienten atravesando un océano de obligaciones y desafíos, enfrentando la necesidad de adaptarse a una nueva realidad, pero no tienen brújula que los oriente. Para ellos los días son todos iguales, la improductividad se transforma en rutina; y el 20 de marzo de 2020, se repite indefinidamente.


Nada de esto importa, porque tarde o temprano todo esto pasará. Será cuestión de ejercitar la resiliencia; el argentino, está comprobando, es experto en reinventarse.


Van 67 días de aislamiento, y sigo contando.


Abg. Agustín Ardizzone

Escribí tu consulta y si puedo, con gusto te ayudo.

2020 El Referencista - Ver Aviso Legal y Política de Privacidad. Consultas pueden efectuarse a esta dirección de correo electrónico.